El mayor premio es compartirlo

Marta descorchó la botella de champán y pegó un trago directamente de ella. La espuma le hizo cosquillas en la nariz y rompió a reír como una niña. Había quedado en acudir con su amiga Ana, también en paro, a la administración de lotería donde habían comprado su décimo ganador. Todos los allí presentes brindaban entre sonrisas y miradas de ilusión. Les había tocado el Gordo.

Marta ya había decidido en qué se gastaría su parte del premio. Por un lado, iba a darse un capricho, pero otra parte del dinero iría a pagar parte del préstamo del coche. También guardaría algo para los meses venideros, por si surgía algún gasto imprevisto en el piso. Calculaba que incluso le daría para hacer un regalo elegante a sus padres.

Pasó la botella a una mujer que estaba a su lado, mirando con expresión soñadora su décimo, sola y con un vaso de plástico vacío en su mano. Marta miró su móvil con impaciencia, Ana no llegaba.

Al poco, vio llegar a un equipo de televisión. Estaban el cámara, la reportera, pertrechada con el típico micrófono, y un hombre cuya función era difícil de descifrar. Marta dio la espalda a los recién llegados, solía huir de las cámaras que veía por la calle y aquella no sería la excepción.

Ana escogió aquel momento para aparecer por la calle peatonal. Marta no pudo contenerse y gritó su nombre con alegría al mismo tiempo que agitaba la botella que la mujer le había devuelto. El espumoso salpicó su abrigo, pero no pareció importarle, ella abrazó a su amiga con verdadero entusiasmo. El hombre de función indefinida reconoció la importancia del momento e hizo acercarse al resto del equipo. Cuando Ana y Marta deshacían su abrazo, la cámara ya estaba sobre ellas, el micrófono las señalaba sin dejar escapatoria a las jóvenes. El rostro de Ana era inescrutable, aunque pronto pasó a una expresión de seriedad y culpabilidad.

El micrófono apenas recogió una palabra, el equipo reaccionó en un tiempo récord y al instante, la cámara enfocaba otra de las escenas de alegría en la calle.

―Me he equivocado en el orden del número. El nuestro es el 71918.

―¿Qué quieres decir?― Marta abrió los ojos de forma exagerada, su boca formó una O sin poder evitarlo.

―Que solo nos ha tocado dinero atrás… ―Ana miró al suelo.

―¿Veinte euros?

Ana acertó a asentir, al borde del llanto. Marta rompió a reír y volvió a abrazar a su amiga. Ana la miró desconcertada. Su amiga le ofreció el champán con una sonrisa. Las dos bebieron de la botella y se alejaron del bullicio que generaban las personas a las que realmente les había tocado el Gordo.

―Lo siento, Marta. Gracias por tomártelo tan bien. Cuando me he dado cuenta…

―No me pidas perdón. Llevaba días sin ilusión. ¿Me has visto? Es el primer día en semanas que me pinto los labiosMarta se señaló la boca y sacó los labios como hacía en las fotos que se sacaba con sus amigas―. El año que viene lo repetimos, ¿vale?

―Oye Marta… ―Ana se paró en seco con una sonrisa de oreja a oreja― Los veinte euros para el Niño, ¿no?


Photo by Markus Spiske on Unsplash

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