De un solo tajo, el hacha cortó su mano. El muchacho perdió el conocimiento en el instante en que vio volar su extremidad. Despertó envuelto en sudores, la muñeca cubierta de vendas. Como salido de un sueño observó la habitación. Su familia la había adornado con su mayor afición: allí donde mirara, encontraba títeres de madera vestidos con las telas más extravagantes que él hubiera visto. Pronto reparó en su hermano pequeño, quien aguardaba muy cerca del cabecero de la cama y miraba al suelo con gesto de culpabilidad y los ojos rojos de llorar durante horas. Su madre le habría echado el mayor rapapolvo de su vida. Aunque ella aseguró que el niño no se había separado de su lado con cierta aprobación, se le presentía un enfado de los que duran toda la vida.

El joven consiguió echar a todos de la habitación excepto al pequeño. Cuando por fin estuvieron solos, le guiñó un ojo.

— Lo conseguimos, enano. Ahora no habrá nadie como yo. ¡Seré el mejor titiritero manco del mundo!

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Sobre mí

La forma que tengo de vivir es a través de la creatividad. La escritura, la música, las actividades que me permiten trabajar con las manos… La naturaleza me inspira y me ayuda a respirar en este mundo en el que las prisas me ahogan. El mar, el bosque, la montaña… Lugares en los que soy feliz.

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