El niño dejó escapar la flor, la elevó por encima de su cabeza, alzando los ojos para despedirse de ella y la soltó. El viento aquella mañana azotaba la costa con saña, con la otra manita agarraba la barandilla que precariamente se balanceaba en el mirador, las olas se alzaban amenazantes. Su padre gritó a lo lejos, no alcanzaba a ver su silueta, quedaba oculta tras el muro que llevaba a las escaleras donde tantas veces había visto las puestas de sol con su madre. El niño lo vio acercarse y saludó con la mano, ahora libre. Supo que lo regañaría, por eso se adelantó.

– El agua vino a llevarse a Mamá, y con mi regalo nos la devolverá.

2 respuestas a «La ofrenda»

  1. Muy bonito pero, jode, que triste!!

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  2. Menos mal que lo he leído un viernes y no un lunes, porque si no estaría muy triste 😉

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Sobre mí

La forma que tengo de vivir es a través de la creatividad. La escritura, la música, las actividades que me permiten trabajar con las manos… La naturaleza me inspira y me ayuda a respirar en este mundo en el que las prisas me ahogan. El mar, el bosque, la montaña… Lugares en los que soy feliz.

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